Viajando en Bicicleta desde Argentina rumbo a México, puse timón
al este para poder vivir más aventuras y saldar conmigo mismo esa sed de copa
del mundo. Llevo un mes en Brasil y se los quiero compartir:
Ese invierno del 2010 cuando Alemania nos destrozo el sueño
mundialista, de inmediato mire hacia delante, Brasil 2014. Tenía que vivir eso
de cerca, es parte de mi cultura, de mi ser: “El mundial”.
De utopía a realidad: miro hacia delante y el cartel indica
el cruce de rutas, BR 101 por un lado y BR 116 por el otro. Miro nuevamente, no
es un sueño, estoy en Brasil. Pasan dos días y me saco la ropa de abrigo, hace calor, intenso calor y humedad, los
chaparrones suceden a diario. Verme en el mar para la altura del mes de Junio
ya es todo un logro. El entorno es muy diferente al de mi querido Río Tercero.
No veo silos, no veo campo. Veo pescadores, tablas de surf y en la ruta me
detengo a buscar frutas en la tupida vegetación que hay en la banquina. El
cambio es radical. Fui conociendo de a poco la hospitalidad y alegría del
pueblo brasilero, aprendí un poco de
portugués y disfrute de rodar con la
bicicleta por cinco estados. Brasil me enamora, su gente mucho más (sí, aún
siendo argentino).
Mis días oscilan desde lo mas alto a lo mas bajo. Pedaleo
entre los Morros, y de ellos se asoman favelas. Las casas son de todos colores, como queriendo alegrar la
situación de las historias que las
habitan. Oscilo entre mirar un edificio de 50 pisos en un balneario a ver la
prostitución infantil en la esquina de un motel; en Brasil durante el día los
autos lujosos pasean por las calles céntricas y por las noches en las mismas
calles la pasta base se adueña del futuro de los jóvenes.
La euforia llega a todos, pero la realidad no cambia. Aquí los de abajo quieren ser escuchados. Y no es que Brasil es más inseguro por la
copa, o el índice de pobreza subió por el campeonato del mundo. La marginalidad
estuvo siempre presente y lo único que genera todo esto, es la posibilidad de
mostrarse para aquellos que están esperando atención, asistencia social,
integración al sistema educativo,
económico y político, el mundial es la ocasión perfecta para gritar:
¡¡Acá estoy, ayúdenme!!
Si hablamos de la copa del mundo aquí parece que el batacazo
Uruguayo del año 50 no sucedió nunca. Aquí hace tiempo que es todo verde amarello,
que la selección ya gano el mundial y solo queda recibir el trofeo en manos del
glorioso Neymar para luego gritarnos en la cara a los argentinos su
“hexacampeonato”. El nacionalismo esta
presente, todo empapelado con los colores patrios, en la tv todo programa o
publicidad hace alusión al tema. Brasil espera y palpita el mundial, el país es
una alegría continua.
Y mirar mi banderita que flamea, recibir bocinazos de
patentes Argentinas desempolva la pasión albiceleste que guardé hace cuatro
años y siento escalofríos a pesar de que estoy ya por el estado de Río De
Janeiro donde la temperatura es de 28
grados a diario.
Vivir esta fiesta
sudaca desde adentro me hace sentir un privilegiado, pero no dejo de extrañar
la organización de todo el evento, el folclore de reunirse con amigos,
imaginarme en la caravana por la calle Libertad.
Pero todo no se puede, en el sentimiento estamos todos
unidos, igual que Brasil nos creemos los mejores del mundo. Y mirar a nuestra
selección es prender velas a Messi y sus secuaces en la delantera, es embarcarnos
en una sudestada sin timón cada vez que un rival nos ataque mirar a
nuestra selección es rogar que Dios
ilumine a Romero en alguna atajada como la del Goico. Nuevamente somos presos
de la incertidumbre, entre asados y fernet mantenemos cábalas, cruzamos los dedos,
echamos culpas, nos mantenemos en vilo,
hacemos cuentas, rezamos y miramos de reojo a Sabella por no convocar a
Tevez, alentamos a nuestra selección y sentimos
la argentinidad a flor de piel, lo siento, lo llevamos en la sangre.
Hoy jueves 12 de Junio la ruta está increíblemente tranquila, puedo pedalear relajado ya que el transito es escaso. Miro a mí
alrededor y el panorama es desolador. Está jugando Brasil, ellos están
empezando su camino hacia la gloria. Esperemos que desde el domingo los astros
se alineen y nos beneficien para que Argentina nos deje donde esos dos caminos
convergen, nos dejen en la final: imploramos la copa, para unirnos, para ver
nuestro futuro con mas optimismo, para dejar atrás esa división que tenemos los
Argentinos y salir adelante juntos: ¡Vamos argentina, carajo!
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| Alentando a la selección argentina en el Fifa Fans Fest en la playa de Copacabana en Río De Janeiro. |
- Texto escrito días antes del inicio del mundial de fútbol FIFA 2014 en Brasil publicado posteriormente del mismo por motivos de no tener en mi poder al ordenador con el archivo.

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